Destino Patagonia
CAPITULO VII
Los cadáveres
“Los que verdaderamente sabían lo ocurrido y podían acordarse de ello, no querían recordarlo y parecían ignorar lo más importante. Esto queda claro de modo especial en las declaraciones de Otto Günsche y Linge. Si bien ellos sabían o debían saber más que los demás, tampoco han hecho mucho para aclarar el asunto después que fueron dejados en libertad…La confusión y la falta de concordancia en las declaraciones demuestran, sin lugar a dudas, que los colaboradores de Hitler que escaparon del refugio blindado de la Cancillería del Reich tenían interés en ocultar la verdad”.
"La muerte de Hitler". Agente de inteligencia soviético Lew Besymensky.
Los cuerpos
Se ha advertido al lector sobre las contradicciones que se registran al compararse los testimonios que dieron cuenta del presunto suicidio de Hitler y su esposa Eva Braun. Es interesante destacar que a veces los mismos testigos, con el transcurso del tiempo, hicieron declaraciones diferentes especialmente cuando fueron consultados por detalles de esas aparentes muertes. Por otra parte ningún tribunal, ajustado a derecho, podría haber declarado fallecido al Führer solamente por esos relatos que fueron efectuados por un pequeño grupo de nazis. Sería como si en el supuesto de un robo se escuchara, durante el respectivo juicio, únicamente el testimonio de los acusados (quienes acomodarían sus narraciones de acuerdo con sus propios intereses). En el caso de la muerte de Hitler, para un dictamen judicial serio, eran necesarias más pruebas: por ejemplo testigos que no sean nazis, documentos, fotos y filmaciones de los cadáveres, pericias, etc. Pero no se pudo obtener nada de esto.